MIEDO DA A VECES COGER UNA PLUMA

"Miedo da a veces coger una pluma y ponerse a escribir,
miedo da a veces tener miedo a tener miedo [...]"
Gloria Fuertes

lunes, 9 de septiembre de 2013

De las curvas...

Mis poros, bajo el microscopio, son espirales. Tengo círculos concéntricos y caminos que llevan a su propio inicio tatuados en la piel. Hay un laberinto en las palmas de mis manos. Intento todo el tiempo salir, pero no puedo. He perdido el camino. Hay remolinos hasta en mi pelo. En general, todo en mi mundo da vueltas. Y en especial hoy, en mi cabeza no ha dejado nada de girar. Vamos todos a rodar y rodar, cuesta abajo hasta el valle de los árboles con las hojas curvas, siguiendo trayectorias onduladas. No hay esquinas para descansar de tanto movimiento.


Sólo por buscarte me encuentro. Esto nunca ha sido un monólogo, siempre he podido contestarme. 

martes, 27 de agosto de 2013

De los muros...

Respira. Respira. No hay nada que entender; no hay nada que explicar. Hay muros cuyo derrumbamiento es inminente, hay murales cuya pintura estaba destinada a caerse desde el primer momento. Sí, tus manos se aferran, tu rostro pegado a los colores, como si pudieras guardar en tus pupilas para siempre las imágenes intactas. Como si los recuerdos no fueran orgánicos y no tuvieran, por fuerza, que marchitarse.

La ves irse, se aleja con su bonito cabello y toda la tarde brilla en sus hombros desnudos. Despídete de ella, el muro se cae, y cada día cambiará el recuerdo porque no hay caja lo suficientemente impermeable como para mantenerlo a salvo. No hay caja que la humedad del tiempo no pueda penetrar. Las lágrimas, ante todo, son agua.

Respira. Hondo. Respira. Muy hondo. No hay nada que decir; no hay nada que escuchar. Los listones, en donde estaban impresas las palabras, han volado con el viento y se han confundido con las hojas verdes y luego con las naranjas, amarillas y marrones. Sí, tu boca se aprieta en una línea, como para no dejar escapar ni un ruido, no vaya a ser que se vaya con todo lo demás. No entiendes que aunque no lo digas, se irá. Se irá porque tiene que irse.

Despídete. Toca su mejilla, lo primero que olvides puede ser la piel. Su piel, que cambia con el frío. Su piel, que es siempre la misma. Y ahora tienes pintura en los dedos, y sabes que tarde o temprano se caerá y sólo podrás ver, de nuevo, tu piel. Sólo la tuya. Y se ha caído otra torre y aunque guardes una de las piedras de su ruina, la torre ya no está y no volverá a estar. Habrán otras torres, otras ruinas, pero serán siempre otras.

miércoles, 5 de junio de 2013

De la no-hora...

No es hora de saber a dónde mirar. No es hora de saber nada. No es hora de nada. No es hora.  Por eso no sé nada. Ni quiero. El reloj se ha parado. Mira: ha dejado de sonar. Y aun así es hora de irte. Eterna medianoche, es hora de que te vayas. Siempre es esa hora. Aun en el reloj que te he pintado en la muñeca, esa muñeca pálida a la que nunca termina de llegar el verano. Manecillas negras en un fondo blanco que no avanzan pero que tampoco se paran. Si existe el destino, se puede ver claramente en esas manecillas. Yo no quiero que te vayas, pero es hora. Es hora de irte.

Hay una imagen de dos personas corriendo por una calle, una avenida interminable. Van de la mano y nunca se sueltan. No sé a dónde quieran llegar, pero siguen corriendo y de vez en cuando se miran a los ojos. A momentos parece que algo las persigue, pero en la calle nunca aparece nadie, ni delante ni detrás, están solas. La imagen permanece. Ellas intercambian lugares, a veces una guía y a veces la otra. Ninguna pregunta hacia dónde van, aunque ninguna parece saberlo. Es una imagen, sólo una imagen. Siempre ha estado ahí. Es hora de irte.


Sol de finales de primavera. Desaparecen los ojos de este mundo detrás de gafas oscuras con marcos de colores. La calle se calienta y es insoportable caminar. Se pueden buscar las sombras sin la menor esperanza. El metro es un refugio. Quiero llegar a la estación en que me bajo y al mismo tiempo no quiero salir de aquí. Cuando el reloj sigue marcando la misma hora me pregunto por qué no podemos quedarnos siempre en un refugio, ése o el que sea, ése o las manecillas estáticas. Es hora de irte.

sábado, 25 de mayo de 2013

De dejar ir...


No todos los días es fácil. Nadie dijo que todos los días sería fácil.
No todos los días es difícil. Nadie dijo que todos los días sería difícil.
Nadie dijo nada. O todos han dicho algo.
Yo estoy aquí. Y tú, no sé en dónde estés.
Bailo con mis libros bajo el brazo, dejaste muchos libros.
A veces, en un momento de pausa, recargo la cabeza en las manos y dejo un par de lágrimas.
La mayor parte del tiempo no.
El salón está lleno de mis libros, en los sofás, por encima y por debajo de la mesa.
La planta, la plantita que sembré hace un mes, crece un poco todos los días.
He conocido gente nueva y algunos ya se han ido. En tan poco tiempo.
Las sábanas están limpias y la casa barrida. He sacado uno de mis vestidos de verano.
Ayer hubo un espectáculo de fuegos artificiales en el colegio salesiano. Olía a pólvora.
He estado escribiendo. Bastante.
He estado cantando. Bastante.
He estado pensando. Demasiado.
Mis amigos, bien. Las clases, bien. El trabajo, también.
He probado una especie de vino sueco. Se bebe caliente. Me encanta.
He encontrado un grupo de música y no puedo dejar de escucharlo.
He estado recomendando películas a quien se ha dejado.
He ido al teatro por primera vez en meses.
He dejado de ir al sindicato los sábados.
Creo que me iré con mi familia en verano. Eso parece. Eso quiero.
He tirado algunas de tus cosas. He dejado los mensajes de la pared de la cocina.
Me he pintado las uñas porque se ven graciosas. No me las he dejado de morder.
He logrado reírme de cómo terminaron las cosas.
Me he sentado a escribir en un café este viernes. He escrito sobre el olor a vainilla.
Me he quedado con una buena frase en una mala película.
La vida entera se convierte en el acto de dejar ir. (Estaba en inglés: “the whole of life becomes the act of letting go”)
Lo que quiero decir es que todo ha seguido parecido pero no igual.
La vida ha seguido como siempre pero sin ti. Y eso está bien. 

jueves, 16 de mayo de 2013

De la sal...


Corre, corre y cómo corre. Y corre y corre y corre. No hay tierra ni árboles, sólo colores que cambian conforme corre. No te escapes. Pero ella corre, corre, corre y corre. Y sus pies no pesan y ha dejado en otra parte la cabeza, va tan ligera que casi vuela. Casi. Corre y corre y corre y corre. El viento le seca lágrimas, sudor y recuerdos mientras ella corre y corre, corre, corre, corre. Sólo suena el aire en sus orejas, sólo. La música, en cambio, se ha quedado atrás, lejos pero no tan lejos pero no cerca. Cerca ya no. Para eso y por eso corre.

No me mires Cavafis, que no sabes. No huyo de una ciudad, huyo de un mundo. No estoy perdida, no doy vueltas en círculos. Pero si lo estuviese... Correría aun más; hasta volver a encontrarme con mi mente sabiendo que ya no es mía.

Corre y corre. Corre. Corre. Corre. Ya no importará que creas que me alcanzas, ya no importará si me alcanzas. Porque habré recorrido tanto que estaré siempre lejos. Lejos de este momento y otros tantos. Lejos de la música a medias. Lejos de la sal y cerca del aire.

martes, 14 de mayo de 2013

Del pez y sus escamas...


Sin saberlo me mandaste señales, sin saberlo no quería verlas. Ahora entiendo los sueños, ahora entiendo tantas cosas. Ahora. Hace poco en letras dejé lo que daba vueltas en mi cuerpo, hice símbolos del sentimiento, dije lo mucho que te quería, hasta las uñas. ¿Qué has hecho? Lo has ahogado todo, lo has quemado y demolido al mismo tiempo. Has silenciado las campanitas porque les has quitado el centro, lo más delicado, te lo has comido, no ha quedado nada.

Tengo sal en las pestañas. No ha sido el número de lágrimas sino la densidad, cargadas de tantos días de no entender nada condensados en un momento. Un momento en que se ha caído la esfera y se ha hecho pedazos y ha brotado cual planta el polvo del suelo entero. Flores de polvo y de humo que se cuela por ese agujero en la esquina del cuarto por la que al final entró la nieve, ni blanca ni roja, negra. Tiene gracia. Creo.

No más espejos ni caleidoscopios para ti. No más fragmentos ni colores. No más luz en tu cuello ni impresiones de tu luz en mis retinas. No más nada ni nada ni nada. Y para mí no más porqués, que al final los porqués no importan, porque de buscar siempre hay un porqué, y como yo decidí que tú fueras ese porqué no puedo entender no haberlo sido. Tú escupe todos los porqués que quieras, pero sabemos que es sólo aire. Las mentiras no son transparentes y de tanto bañarte en ellas has cambiado de color. No te voy a echar de menos porque quien eras a mis ojos no lo eres ya, y eso es lo que más te reprocho: no poder echarte ya de menos. Eres una imagen de contornos borrosos que realmente no conozco.

Esto no quema, ahoga. Pero es un mar que se vacía y el penúltimo día lo sabré sólo al sentir un pececillo rozándome el pie al sentarme al borde de mi cama en la mañana. Adiós pececillo, pensar que un día nadé contigo admirando el sol en tus escamas. Pensar que nadie sospechó que tenías colmillos…

lunes, 1 de abril de 2013

Del fuego...


Se van a quemar todas tus naves,
se van a quemar todas tus flores.
Sangre, de tus ojos, sangre
como lágrimas cuando veas el fuego.
Y cómo quema las yemas de tus dedos,
cómo quema.
A quemar todo va la sangre
y a morir todo una vez quemado.
Hielo, pide a gritos hielo,
agua helada, nieve, frío, viento.
Pide todo lo que quieras
pero recuerda que no oye el fuego.
No más guitarra ni sonrisas,
que la guitarra es de madera
y también las sonrisas.
Ahora lo sabes,
que todo era leña
y lo que no era leña,
carbón era.
Y era negro
y costaba verlo,
pero ahí estaba
y ahora que si es algo
es ceniza,
ahora lo extrañas.
Pero,
escucha a tus ojos,
que quemados hablan.
Con ellos sigue
el camino de humo
y después escala.
Cuando llegues arriba,
tírate.
Y aunque no vueles
siente que vuelas;
y aunque no vuelvas
siente que vuelves.
Y así,
con alas de papel,
encontrarás paz
en la hoguera,
que si de algo es,
es también de papel.